Hoy, después de tanto, sólo quiero que seas feliz. Se acabaron los rencores, pero con ello, también mi amor. Ya no somos "nosotros", pero quizás nunca lo fuimos. Sin embargo, la vida me ha hecho comprender, una vez más, que lo mejor siempre es lo que sucede; tanto lo malo como lo bueno. Hoy, soy feliz, más de lo que nunca había sido. Eso es lo que pasa cuando decides desprenderte de lo que hace daño. Hoy, a tan sólo días de comenzar un nuevo año (uno nuevo sin ti, o eso espero), sólo pido al cielo que se lleve todo lo asfixiante de lo que antes fue nuestro, que quizás no borre los malos recuerdos, porque al fin y al cabo son aprendizajes, pero que no nos persigan más. Que ya entendimos, que ya sabemos que no somos nuestra otra mitad.