Te fuiste de la misma manera en que llegaste; rápido y agridulce. Porque me haces mal, pero al mismo tiempo me haces necesitarte.. Bien, quizás lo último no, porque si lo vemos desde la certeza, no te necesito. Pero, hombre, vamos. Aunque no seas imprescindible, aunque no necesite que estés a mí lado, simplemente quiero que lo estés.
Y ese es el problema de la raza humana. Sabemos que nadie nos es imprescindible para ser feliz, pero a qué no te jode saber que sí es un buen complemento.
Claro que jode. Sobretodo el hecho de no poder.. No, me retracto, de no querer olvidar tus lentas caricias, tus besos de pecado y tu perfume. Tu bendito perfume. Ese mismo que dejabas impregnado en mi suéter, con el cual amaba dormir en la noche.
Eres increíble, amor, porque destapaste mi lado sensible, el que no sabía que tenía. Porque recuerdo haberme burlado tantas veces del amor, de aquellos tontos que perdían la cabeza por una persona. Y es que nunca había llegado a comprender lo que era querer necesitar a alguien. Y sólo un poco tarde, llegaste tú.
Cariño, tú y yo no tenemos sentido. Tú y yo no somos el uno para el otro. Tú y yo aclamamos el fracaso con nuestra terquedad por estar juntos. Tú y yo somos el agua y el aceite. Tú y yo nos mentimos. Tú y yo nos hacemos mierda, más de la que somos, al querer mantener un amor que no funciona. Pero ni tú ni yo queremos hacernos mierda sin el otro o con otro.
Una vez escuché que siempre persigas lo que te hace feliz, aunque sea ser un desgraciado. Esa palabrería me la dijiste tú y la hicimos nuestro lema. Porque me dejas y te dejo. Porque me engañas y te engaño. Porque me odias y te odio. Porque me amas y te amo. Porque quieres necesitarme y yo a ti. Porque si es con alguien con quien tengo que fracasar, que sea contigo.
