Noches de nostalgia. Noches de recuerdos. Noches de insomnio.
Me diste tanto, pero me quitaste más.
¿Recuerdas cuando me tomabas y me lanzabas a la cama? Así sin más; para abrazarme, acariciarme y besarme en partes que sólo los más atrevidos besarían. También me decías tanto, y en ese entonces, no conocía lo bien que fingías.
Sí, te creí. Tiempo después, la mentira dolió. La herida no ha sanado. Pero, ¿y tú, cariño? ¿me has olvidado? Porque yo aun no he aprendido a separar los límites de los tiempos pasados, como tiempo antes me habías dicho que hiciera. Para ese momento no lo entendía, pero las experiencias acaban por hacerte comprender.
¿Recuerdas cuando al despedirte no parabas de pedirme besos y abrazos? Incluso, cuando la puerta ya estaba con llave, me pedías que volviera a abrirla para seguir. Porque, querido, yo recuerdo muy bien cuántas veces tuve que besarte con una reja en el medio de nosotros.
Recuerdo tus manos en mi cintura, tus besos en mi abdomen y en mi cuello...
No pasa nada, trataré de no encontrar a alguien como tú nunca más.
