Las vivencias que dejamos olvidadas en un cajón a medio cerrar; esas que hicieron daño, que nos cambiaron, que nos hicieron más crueles quizás. Esas vivencias que quedaron estancadas en el pasado, porque en el presente nos quitaban la paz y que en un futuro para qué las íbamos a necesitar. Esas vivencias que nos jodieron la felicidad, que nos quitaron el brillo de los ojos, que disminuyeron la intensidad con la que sonreíamos. ¿Sabes de lo que te hablo? Me refiero a las vivencias que poseían tu mente y no la liberaban ni viendo tu programa de tv favorito, ni al cerrar los ojos cuando querías dormir.
¿Cómo se superan esas vivencias? ¿Cómo dejan de dolerte? Si aún cuando te equivocas de cajón, evitas mirar adentro, porque ya sabes lo que te encontrarás y lo que traerá a tu vida, que es lo peor... Pero es que, ¿cómo se manejan los sentimientos con tanta crudeza viniéndose encima? Es como un torbellino que destruye todo a su paso, llevándose lo bueno y dejándote lo malo.
El torbellino es incluso la vida misma, porque es de lo que se trata. Ya sabes, los problemas están siempre listos para chocar contigo, y todo siempre es premeditado. Y tienes que saber que es normal. Todos siempre vamos a tener tropiezos, algunos llevan nombres de personas. Lo que nunca debes hacer es encariñarte con ellos, porque un tropiezo es un tropiezo, lo mires por donde lo mires, y tarde o temprano te va a destruir, y no deberías querer que lo haga una y otra vez. Aunque se sienta tan bien.
A veces no superas esas vivencias, a veces sólo aprendes a vivir con ellas, porque en la vida hay que aprender a soltar, aunque duela. Hay que aprender a llorar, manteniendo la esperanza. Hay que aprender a recordar, pero que en cada recuerdo, se tenga aun más presente lo aprendido. Y sobre todo, hay que aprender a que el estar bien no lleve el nombre de nadie, sólo el tuyo. Y hasta con apellido.
¿Cómo se superan esas vivencias? ¿Cómo dejan de dolerte? Si aún cuando te equivocas de cajón, evitas mirar adentro, porque ya sabes lo que te encontrarás y lo que traerá a tu vida, que es lo peor... Pero es que, ¿cómo se manejan los sentimientos con tanta crudeza viniéndose encima? Es como un torbellino que destruye todo a su paso, llevándose lo bueno y dejándote lo malo.
El torbellino es incluso la vida misma, porque es de lo que se trata. Ya sabes, los problemas están siempre listos para chocar contigo, y todo siempre es premeditado. Y tienes que saber que es normal. Todos siempre vamos a tener tropiezos, algunos llevan nombres de personas. Lo que nunca debes hacer es encariñarte con ellos, porque un tropiezo es un tropiezo, lo mires por donde lo mires, y tarde o temprano te va a destruir, y no deberías querer que lo haga una y otra vez. Aunque se sienta tan bien.
A veces no superas esas vivencias, a veces sólo aprendes a vivir con ellas, porque en la vida hay que aprender a soltar, aunque duela. Hay que aprender a llorar, manteniendo la esperanza. Hay que aprender a recordar, pero que en cada recuerdo, se tenga aun más presente lo aprendido. Y sobre todo, hay que aprender a que el estar bien no lleve el nombre de nadie, sólo el tuyo. Y hasta con apellido.
