¿Acaso no es raro que la persona que más nos hace feliz es también las que peor nos puede hacer sentir? ¿Cómo una persona consigue ese poder? O, ¿Por qué se lo permitimos? ¿Nos damos cuenta que se lo permitimos?
Supongo que para todos siempre existirá esa persona que lleva abajo todos nuestros muros, a veces sin ser a propósito. Esa persona que aunque tú no lo quieras (o eso te dices a ti mismo), la vida siempre encontrará la manera de juntarlos, de que una vez más esté en tu pensamiento, recordando cada día, cada tarde y cada noche que pasaron juntos. Esa persona que te llena de una inmensa alegría con tan sólo escuchar su voz, con tan sólo apreciar su sonrisa, con tan sólo saber que es feliz, aunque no sea contigo.
Pero eso no es nada. ¿Sábes qué es lo peor? Que esas personas son las mismas que te hacen el mayor de los daños, que pueden herirte y no importa qué, permanecerá contigo, aunque ya no esté. ¿Sábes a lo que me refiero? Es como si el destino la hubiese colocado en tu camino como para darte una especie de elección, y es muy raro, porque aunque son las personas que menos te convienen, es la que realmente quieres a tu lado.
Peleas constantes, risas aún más largas, abrazos eternos, lágrimas saladas, besos por doquier, miradas que dicen todo y tiempo que parece escaso.
Suena estúpido, lo sé. Es decir, ¿cómo alguien que te hace daño puede ocasionar tanto en ti sin importar cuanto tiempo pase, como si quedaras marcado? Ni yo lo sé, pero créeme, si aún no la tienes, la tendrás y te deseo mucha suerte.
