Las vivencias que dejamos olvidadas en un cajón a medio cerrar; esas que hicieron daño, que nos cambiaron, que nos hicieron más crueles quizás. Esas vivencias que quedaron estancadas en el pasado, porque en el presente nos quitaban la paz y que en un futuro para qué las íbamos a necesitar. Esas vivencias que nos jodieron la felicidad, que nos quitaron el brillo de los ojos, que disminuyeron la intensidad con la que sonreíamos. ¿Sabes de lo que te hablo? Me refiero a las vivencias que poseían tu mente y no la liberaban ni viendo tu programa de tv favorito, ni al cerrar los ojos cuando querías dormir. ¿Cómo se superan esas vivencias? ¿Cómo dejan de dolerte? Si aún cuando te equivocas de cajón, evitas mirar adentro, porque ya sabes lo que te encontrarás y lo que traerá a tu vida, que es lo peor... Pero es que, ¿cómo se manejan los sentimientos con tanta crudeza viniéndose encima? Es como un torbellino que destruye todo a su paso, llevándos...