Cuando nos rompen el corazón, es inevitable no sentir esa señal de alerta que nos grita que debemos endurecernos para que no suceda más. Y es que cuando pasa, nada vuelve a ser lo mismo; nos volvemos más neutros, más antipáticos a sentir, porque nos dolió tanto esa última vez, que pensar en que nos suceda una vez más, nos hace creer que nos mataría. Siempre llegamos a superarlo, pero aunque las heridas cicatricen, siempre quedan. Nunca vuelves a querer con la misma intensidad, quizás porque esa vez quisiste tanto, que se agotó parte del amor que tenías para dar. Los engaños y las mentiras nos hacen no querer volver a confiar en alguien más, por más inofensivo que parezca, quizás porque anteriormente las apariencias también nos engañaron y dimos demasiado por alguien que sólo supo devolverlo en dolor. Hay días en que lo recuerdas y lloras, porque sin darte cuenta aún sigues esperando por aquel '...